π-LAND (iii): FREE MUSIC FLIPSIDE
Casi nueve meses.
No me he dado especial prisa, que se diría, para dar parte de esta compra efectuada durante los bajos julios de 2010 y en plena RetroEuskal. Aseguren el switch a 33 1/3 y procedan.

Los animosos empujadores de Feeding Tube Records se cuidan de ofrecer material musical de matiz especial en su tienda de Northampton (prensados raros, directos, trabajos marginales, grabaciones domésticas y demás belleza), pero al mismo tiempo son sello discográfico y editan música de tiradas limitadas: siete pulgadas, doce pulgadas, compactos y musicassettes de viejos o nuevos autores; de los que aprovechan, producen y a veces reeditan, cómo les diría, esos prensados raros, directos, trabajos marginales, grab… ok, supongo que están situados.
Y así a lo pronto repentino, ¡zwop!, a esta gente les vino el convencimiento de que reeditar algunas de las melodías de Mel Croucher en vinilo de lujo podía resultar molón. Ya les conté que Croucher, mente ilúcida y capitoste de Automata U.K., se dedicaba al juntanotismo aficionado para llenar las caras B de sus lanzamientos para ZX Spectrum con melodías de diferente índole, dándole al usuario/comprador/jugador la posibilidad de comprobar que, por muy malo que fuera el juego adquirido en la primera cara, normalmente no resultaba ser peor que las idas de olla musicales contenidas en el reverso.

Quiero decirles que lo contado en el último párrafo se daría en nueve de cada diez casos; pero también que tanto en uno (software) como en otro (música) caso, les he exagerado adrede. Han terminado por gustarme bastantes de las ideas que Croucher metió en esas cancioncillas: sea por alguna progresión de acordes peculiar, sus particulares elecciones de sintes, grabaciones de archivo bebecero a tono con la temática del juego, amortización garantizada de VoCoder aquí, allá y en sopa, lyrics y discurso con tendencia a la desvergüenza… todo suma para poder etiquetar a ese conglomerado amateur dentro de una “mediocridad escuchable” que, por los métodos empleados en el proceso de grabación (onanismo forzado) y por el propósito consciente en el que se gesta, termina por no caer mal. Más bien al revés.
El álbum, ilustrado en su totalidad por Robin Grenville Evans, es un deleite sin más innecesaria descripción. Representados quedan casi todos los personajes e ítems de identidad que dieron la personalidad a los títulos de Automata U.K. (con guiños interesantes en su parte inferior, en la que quedan representados los entonces integrantes del sello acompañados por Clive Sinclair, así como intrigantes musos y musas del tiempo). El interior aporta la primera de las cargas informativas que contiene el trabajo: reseñas personales de Croucher y de la historia del sello, compañadas por fotografías de algunas de las reuniones MicroFair en las que Mel y secuaces se montaban unas parties propias de agarrarse y no menearse.


Más chicha en sendos lados de la funda: careta recortable (¡ja!) para ir de PiMan por la vida con sentido homenaje a Can of Worms y a los inicios de la empresa (les hablaré de ello en otra ocasión), trío de reproducciones gráficas y relación de títulos.


Para aliviarse aún más en detalles, póster desplegable a DIN-A2 y a doble cara: en el anverso, una reproducción de alta calidad de la carátula de la conversacional PiMania, punto iniciático del aura que acompañó a Croucher en sus sucesivas intromisiones ochobiteras; y en el dorso, sobredosis de publicidad oficial y referencias en prensa británica, así como algunos de los cartoons ideados por Croucher que se publicaron en la contraportada de Personal Computer World a lo largo de unos tres años.


Y por supuesto, los cortes. No muchos, todo hay que decirlo, pero sí con la suerte de que entre ellos se cuentan media docena de los más significativos.

Ya en la propia Automata U.K. llevaron a cabo una misión similar, no crean. Poco antes de su autoextinción sacaron al mercado un par de cintas recopilatorias con casi todos los audios grabados. Cintas frustrantemente imposibles de encontrar a día de hoy como no sea por enchufe con colega de las islas, pastón de aúpa sobre la mesa para cuando cada equis lustros aparece alguna en los ibeies, o allanamiento de morada al tal Croucher.

Servidor se pudo hacer con la primera de las dos, en la que el guarismo de canciones es un poco más alto. La cinta, a pesar de su valor histórico, no puede competir con el glamour y despelote cromático de esta la copia que adquirí de PiMania: The Music of Mel Croucher and Automata U.K. Ltd., limitada en 500 unidades y de muy improbable reedición futura.

Caso de producirse tipo alguno de demanda por aclamación, en breve les completo el informe a base de onda sonora.
