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ARCADE IBÉRICO (xlii): SESIÓN DOBLE

La sesión doble, de macho patrio intentando sacar a pasear feromona en devenir patético. Uno intentando impresionar; el otro, ya notoriamente impresionado. Y ninguno de los dos, por cierto, interesados lo más mínimo en las máquinas que acompañan sus intentos.

“Una… y sonada” (1985)

Hala, mírense (si les conviene) las etiquetas de la entrada y no me hagan nombrar esos ejemplares, que por aquí están ya más vistos que el TBO.

ARCADE IBÉRICO (xxxiii): LOAPA SPACESHIPS

Regreso al largometraje para el españolete ávido de humor parco y dominga desatada “typical 80s”. La excusa, esta vez, el enfrentamiento entre un senador de principios distraídos y un alcalde de boina a rosca que, tomándose demasiado en serio el entonces tierno estado de las autonomías, pretende declarar como otra comunidad más la villa que sus convecinos tuvieron a bien pedirle regir.

Como deducirán, el primer careo entre ambos es más bien a distancia, vía transmisión televisiva y sin que emisor o receptor puedan realmente hacerse llegar sus primeros cambios de impresiones.

“Los autonómicos” (1982)

Todo ello en unos días en que, además de la LOAPA, se llevaban una barbaridad los tricornios al bigote, los bichitos con pneumonía anémica y sin apellido, los asaltos a bancos en días de guardar o los cítricos horteras. Y también, cada vez se hace más evidente en esta sección, los Galaxian en establecimiento público.

ARCADE IBÉRICO (xvii): FUEGO LENTO

Clasicote del cine de tirón y acelerador, rodado básicamente en alrededores de la Meseta, y en el que no falta el puñado de escenas en barucho de extrarradio.

Quizá para compensar el pobretón firepower del Galaxian, se agradecen las numerosas quemas de vehículo que a uno de los protagonistas se le hacen más indispensables que un chusco untado en metadona.

“Deprisa, deprisa” (1980)

ARCADE IBÉRICO (ii): LA ÚLTIMA Y ME VOY

Sin lugar donde pasar la noche, llueve que agobia y hace un par de días que se nota una sensación de gusa mucho más real que aparente. Un bar que de pronto te encuentras en el camino, un trozo de malla de acero abandonada en el suelo y la dócil fragilidad de un cristal hacen el milagro.

Localizados los oportunos pedazos de pan seco y salchichón a medio terminar, y mientras rompes a mamporrazos el cuello de la botella de vino peleón (jodido tapón que se resistía), procedes a inspeccionar el otro fondo del bar… y ahí está ella, así como esperándote:

Turno de oficio(1986) - Cap. 6

Qué inoportunos los de la polizei, que haciendo la ronda y sin haberlo buscado se encuentran con un caramelo a medio salvar el mundo. Unos podrán contar la batallita en casa; y otro, en el maco, si es que llega a pisarlo.